¿Por que los humanos Cooperamos entre nosotros?


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Por qué los humanos cooperamos entre nosotros.

Al parecer, la evolución tiene la respuesta por la que ayudamos al prójimo.

A los seres humanos somos, por lo general, altamente cooperativos y más altruistas que cualquier otra especie animal, al menos cuando se trata de ayudar a extraños necesitados, pero ¿por qué somos así?

Un nuevo estudio sugiere que nuestro linaje llegó a ser así por la adopción de la llamada crianza cooperativa: el cuidado de los niños no sólo por la madre, sino también por parte de otros miembros de la familia e incluso por extraños. Además, esto nos ayudó a conseguir el avance que condujo al desarrollo de la lengua y a desarrollar civilizaciones complejas, de acuerdo con  los autores.

La crianza cooperativa no es exclusiva de los humanos. Hasta 10% de las aves son criadoras cooperativas, también lo son los suricatos, algunos monos como los tamarinos y titíes. Pero nuestros parientes primates más cercanos, los grandes simios, como los chimpancés, no son criadores cooperativos.

Debido a que los linajes de humanos y chimpancés se separaron hace 7 millones de años, y los seres humanos son los únicos primates que se dedican a la crianza cooperativa, los investigadores se han preguntado sobre cómo esta conducta de ayuda podría haber evolucionado de nuevo en la línea humana.

A finales de 1990, Sarah Blaffer Hrdy, antropóloga emérita de la Universidad de California, propuso la hipótesis de la crianza cooperativa. Según su modelo, al principio, los seres humanos añadieron a la evolución comportamientos cooperativos que impactaron en su cognición avanzada ya existente, dando lugar a una potente combinación de inteligencia y sociabilidad que alimentó a los cerebros, cada vez más grandes. Asimismo, contribuyó a la evolución del lenguaje y una cooperación sin precedentes.

Poco después de la propuesta de Hrdy, los antropólogos Carel van Schaik y Judith Burkart, de la Universidad de Zurich, en Suiza, comenzaron a probar algunas de estas ideas, lo que demostró que los primates que se reproducen de forma cooperativa, como los titíes, tienen un comportamiento aparentemente altruista y ayudan a otros titíes a conseguir comida sin recompensa inmediata para sí mismos, explica Michael Balter en un artículo en Science News.

Sin embargo, los investigadores aún debaten cómo interpretar estos experimentos, así como su relevancia para la evolución humana. Un gran problema era si los simios como los chimpancés, que sí se ayudan unos a otros en determinadas circunstancias, lo hacen por motivos altruistas o por necesidad. Si los chimpancés son a veces altruistas, a pesar de que no son criadores cooperativos, algunos científicos señalan que esto debilitaría la hipótesis de la crianza cooperativa. Pero los experimentos para determinar si los chimpancés y otros primates se involucran en un comportamiento altruista se han plagado de problemas metodológicos y argumentos respecto de la forma en que deben interpretarse.

En el nuevo estudio, publicado en línea en la revista Nature Communications, Burkart, van Schaik y sus colegas tomaron un enfoque diferente. El equipo diseñó un aparato estandarizado que, con pequeñas modificaciones, podría ser utilizado para poner a prueba el comportamiento de ayuda en casi cualquier especie de primate. El aparato consiste en un tablero móvil que se coloca fuera de las jaulas de los animales. Los investigadores colocaron un premio de comida en un extremo de la tabla y entrenaron a los animales para que movieran un mango y lo pusieran al alcance de otros simios. El animal que movía el mango no podía conseguirlo para sí mismo, por lo que es más probable que estuviera participando con un comportamiento altruista hacia sus compañeros primates.

Los investigadores utilizaron el aparato para probar el comportamiento de ayuda en 15 especies diferentes de primates, incluyendo criadores cooperativos como los titíes, tamarinos, lemures, monos araña, monos capuchinos, macacos, chimpancés, humanos y niños de entre 5 y 7 años de edad. El diseño básico del aparato fue el mismo para cada especie, a pesar de que se ajustó para el tamaño de los animales y la forma de sus manos. Las golosinas incluyeron artículos que a los primates les gustan particularmente: grillos muertos para los titíes y tamarinos, galletas para los macacos y caramelos para los niños humanos.

Cuando los resultados de los ensayos se sometieron a análisis estadístico, el equipo encontró una correlación lineal estrecha entre el grado en que una especie se dedica a la crianza cooperativa y la probabilidad de que los miembros del grupo ayudaran a los compañeros animales a obtener el premio de comida. Otros posibles factores que podrían explicar o influir en el comportamiento altruista, como la cognición superior (medida por el tamaño del cerebro), la caza en grupos o los vínculos sociales más fuertes entre los miembros del grupo, mostraron correlaciones mucho más débiles o ninguna correlación en absoluto con conductas de ayuda.

Los investigadores sugieren que la crianza cooperativa podría haberse desarrollado cuando nuestros primeros ancestros, que evolucionaron en África, primero se mudaron de la vida en los árboles a una existencia más precaria en ambientes de sabana y bosques, hace varios millones de años.

“A partir de otras especies, como las aves, sabemos que la crianza cooperativa se asocia típicamente con condiciones ambientales adversas en las que es difícil sobrevivir. Una vez que se trasladaron al hábitat de la sabana, es posible que simplemente haya llegado a ser imposible para las madres criar solas a sus hijos solos”, dijo Burkart a Michael Balter de Science News.

Una de las ventajas de la crianza cooperativa, añade, es que las madres pueden dar a luz a nuevas crías, mientras que los anteriores todavía dependen de la atención de adultos, lo que aumenta su éxito reproductivo.

Otros investigadores, quienes no participaron en el estudio, destacaron que los autores lograron un enfoque adaptado al entorno de cada especie sin generar disonancias artificiales.

Hrdy, por su parte, opina que los resultados son “algo hermoso” porque demuestran que la crianza cooperativa “hace el mejor trabajo al predecir” el comportamiento altruista. Ella está de acuerdo con Burkart, y sus compañeros de trabajo, en que la crianza cooperativa conlleva un largo camino para explicar por qué sólo los simios en la línea evolutiva de los humanos, desarrollaron las bases neuronales necesarias para el comportamiento altamente cooperativo.

“Pero todavía tenemos un largo camino para explicar por qué los humanos están tan interesados en los pensamientos y sentimientos, intenciones, necesidades y deseos de los demás, cualidades que son esenciales, únicamente en la cooperación humana”, concluyó.

Fuente:Revista Quo

Editado por:Adyta Tornasol

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Publicado el 13 septiembre, 2014 en actualidad, espiritualidad, noticias, salud y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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